De una manera decidida, y no sin cierta osadía,
nos hemos atrevido a poner en órbita, en la Europa
-desde su España- de 1991, abriendo década y casi
siglo de nuevas luces, este libro que vuelve a plantear,
de nuevo y de viejo, raíces de problemas -todos sin
resolver- sobre temas que vienen siendo casi eternos y
que, sin embargo, para algunos 'políticos' (es un decir)
y sus masas parecerían estar muy claros, mientras que
para la mayoría de los hombres y mujeres preocupadas
ética, intelectual y prácticamente por la dinámica social
e histórica, reproducen todos los interrogantes, dudas
y sospechas que caben en la mente y el corazón..., hasta
el hastío.
Raza, nación, clase, y por detrás, por debajo o
por arriba, tribus, étnias, pueblos, estados... grupos,
comunidades, clanes, castas, capas, segmentos... y las
gentes a millones buscando:
*dónde, cómo y con qué identificar su destino
más allá de consigo mismos;
*desde dónde comprenderse;
*cuáles sean los instrumentos conceptuales, las
categorías que puedan utilizarse para saberse y
en cuanto son o crean ser, sabiéndose y sintiéndose
juntos y en común, afirmarse al lado, enfrente,
de espaldas o en contra -sobre todo en contra,
porque el ajeno exterior, si juega el papel de enemigo,
aglutina y activa la unión interna- de "los
otros".
Pero la cuestión es aún mucho más compleja, porque
los grandes universos o "sistemas" de pensamiento, símbolos y representación que en el mundo han
tenido y tienen influencia, a través de sus estructuras
de poder compactamente institucionalizadas y "legitimadas",
de sus discursos y de sus lenguajes, han llenado
de referencias abstractas imposibles de ser captadas
por las mayorías humanas (quizá de eso se tratase...)
y de vivir incluso para los mismos que son minoría,
las conciencias y los mecanismos de comunicación
y expresión, de forma que han hecho de ellas tablas
absolutas de la ley ajustadas a medir y pesar la vida y
muerte de los pobres hombres -colectivos o individuos-.
Todo ello ha servido para que en la historia moderna
de nuestro Grupo Zoológico nos hayamos matado
millones de veces por los motivos más absurdos y
las irracionalidades más injustificables..., y aún sigamos
planteando los grandes conflictos por "razones"
vacías de realidad, aparte las inmensas -por abstractas
y absolutas- estupideces colectivas arropadas en religiones,
filosofías, ideologías, seudopolíticas..., que sirven
bobamente a, o son utilizadas fácilmente por, los
intereses de los centros de poder económico o político,
cada día más concentrado, centralizado y hegemonizado
por los pocos.
En la "aldea-mundo" que nos dicen somos en la
que la única ley real es la impuesta por la "economíamundo"
de signo capitalista que nos domina, siguen
dándose virulentamente fenómenos y procesos, "cosas"
tan comunes y extrañas.
*como ETA, Sendero Luminoso, Kjmeres, Unita,
Renamo..., por poner ejemplos, iguales y distintos,
que marcan una de las líneas de muerte
por causas que se cuestionan en este libro...;
'como El ANC de Sudáfrica, el Polisario saharaui,
el Frente Popular de Liberación de Eritrea,
El Tamil de Sri Lanka, el NDF filipino, el Frente
Farabundo de El Salvador o la URNG de Guatemala
como el FSLN de Nicaragua... y las "justas
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causas", que también adquieren luz en las discusiones
del libro;
*como las Repúblicas bálticas o las balcánicas o
las asiáticas o las "islámicas" o las otras, que opacan...
la luz y transpariencia del liderazgo político
que mayores aceptaciones concitó nunca entre los
hombres (lo cual, por otra parte, no significa mucho...)
en la^'formación social históricamente determinada'
o país en el que más se dogmatizó y
"teorizó" sobre la Cuestión Nacional -tema central
de las discusiones del libro-;
*como las Coreas, los Vietnams, las Alemanias,
las Irlandas..., o los Timor, los Kuwaits, Sáharas
Occidentales, Gazas, Cisjordanias, y territorios
ocupados en nombre de..., como Granada, Afganistán,
Panamá, que sin duda necesitan futuro;
*Pero este libro también enfrenta las pendientes
que tiene el mundo como macrotejido de Estados
y naciones, reconocidos como tales sin que se hayan
aclarado (aunque en la mayoría de los casos
existiesen "acuerdos" y pactos inter-nacionales)
süyproeedencias^cQnstitución y^ornpQsición; es^
decir: que las viejas nacionestado, sus tierras,
pueblos, historias, culturas, instituciones y formas
organizativas, con sus fronteras -físicas, culturales,
sociales o políticas-, muros, fosos y baluartes
se fijaron antes de que se reconociese la voluntad
popular soberana como fuente de todo tipo de
derecho, autoridad y legitimidad; y, después de
formados -aunque también antes-, se instigaron
los más exacerbados nacionalismos, sus dogmas,
mentiras y fanatismos frente/contra "lo vecino
otro", que a la contra y por lo mismo, respondía
con "personalidad" propia...: ¡Historia moderna
y contemporánea de la Humanidad!
*También está el mundo del derecho, constitucional
e internacional, con sus "sujetos" propios,
otra vez los estados y otros abstractos, que, a su
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vez, conforman unidades mayores de ámbito regional,
continental, internacional, mundial y sus
organismos.
IEPALA cree que el tema que ocupó el debate
de estos dos heterodoxos de las doctrinas y 'doctrinarios'
de la crítica, viene bien para cuantos aún están
dispuestos a pensar antes de hablar y a discutir previamente
a imponer "verdades" o prácticas a los demás.
El potente instrumental intelectual con el que se acercan
a la realidad, sus análisis y teorías explicativas viene
bien, también -aunque lo,hagan en un lenguaje
que, según algunos y la nueva moda, ya pasó (hasta
que retorne sin el rigorismo que lo "fijó" como fórmula
"científica")- para cuantos tienden a reducir los temas
a noticias de periódico y/o a dar la razón -a veces
la razón que ni tienen ni pueden tener- a cuantos reivindican,
eso sí con mucha pasión (corrientemente
acompañada de dosis mayores de irresponsabilidad),
cualquier espacio, tiempo o bandera nacional.
Incluso es frecuente observar que una demanda
nacionalista, por el mero hecho de serlo, proceda de la
clase e intereses que sea -en su mayoría vinculados
con posiciones conservadoras y reaccionarias, coincidentes
con los intereses del capital como polo dominante
en la relación social- es contemplada con simpatía
e incluso adhesión, atribuyéndosele de entrada una
cuota de racionalidad política que nunca tienen -sin
con ello decir que los macronacionalismo de los Estados
tengan esa u otra racionalidad; pues pocas razones
más buenas y sin sentido como la razón de Estado-.
Por todo ello nos hemos decidido, muy gustosamente,
a sembrar con este libro -que sin ser absolutamente
reciente pone en cuestión incluso las futuras firmezas
defendidas con fiereza- el ancho terruño de la
inteligencia teórica y política detesta década mítica de
los noventa.
Nuestro objetivo, pues: abrir las mil preguntas
que sobre esas realidades, movimientos, aspiraciones,
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