lunes, 9 de diciembre de 2013

Materialismo, fuente: canal social


I. SISTEMA. 
Materialismo práctico y teórico. En Filosofía se designan con la palabra materialismo diversas concepciones del pensamiento que parecen reducir todos los fenómenos naturales y humanos, noéticos y éticos, a un sustrato material, o que pretenden confundirlos en mayor o menor medida con él. En sentido estricto, un sistema materialista es aquel para el que toda realidad y todo ser es materia o una propiedad o manifestación de la misma (es, pues, una forma de monismo, v.). Este m. teórico implica, en general, la negación de Dios (v. ATEÍSMO), de las realidades espirituales (v. ALMA; ESPÍRITU), dando explicaciones insuficientes de ellas y de sus manifestaciones (v. CONOCIMIENTO; VOLUNTAD; LIBERTAD; INMORTALIDAD); el m. teórico suele ser tanto un ateísmo como un panteísmo (v.), una especie de «divinización» de la materia, como raíz y última explicación de toda realidad En el lenguaje corriente y coloquial se suele entender por m. la actitud del que busca sólo el propio provecho o interés material, la comodidad y demás formas populares de hedonismo y epicureísmo; m. práctico que puede darse en cualquier momento o época. En la práctica es posible, y a veces frecuente, encontrar personas que viven como si sólo existieran las realidades materiales, o preocupadas únicamente por los aspectos materiales de la realidad; este m. práctico suele ser fruto de una corrupción moral, o al menos de una abdicación de las más nobles y altas aspiraciones humanas, e implica un alejamiento de Dios y un truncamiento de la personalidad, que se encierra cada vez más en el estrecho mundo de lo material, y que da lugar a diversas formas de idolatría y de esclavitud. Las consecuencias, en lo personal y en lo social (cuando está extendido en amplios sectores o ambientes), a que el m. puede dar lugar son las propias del ateísmo y de la «ética» utilitaria o hedonista, con la consiguiente deformación del sentido de la vida y de los valores morales, empobrecimiento de la cultura, y, a corto o largo plazo, disgregación de la misma convivencia humana Este m. práctico es una de las vías aparentemente cómodas que se ofrecen a las tentaciones a que está sometida la libertad del espíritu humano; se deja de pensar para sumergirse y perderse en lo que directamente captan los sentidos (v.) y sus sensaciones (v.). Pero como el hombre no puede dejar de pensar, surge el m. teórico, es decir, la teoría materialista, como explicación o justificación de la conducta materialista. No es que todo pensamiento materialista o m. teórico siga en su origen este proceso; en todo proceso de pensamiento influyen muchos factores: herencias culturales, circunstancias ambientales, vida afectiva, opciones hechas que condicionan las siguientes en el terreno intelectual, etc.; pero conviene señalar ese factor moral personal, que supone algún grado de culpabilidad en eJ sujeto del extravío materialista, y que puede ser factor determinante, si bien científicamente no sea fácil de precisar por situarse en el terreno de la conciencia personal, donde difícilmente pueden entrar otros observadores que no sean Dios y la propia persona Sin embargo, parece que el espíritu ha de ejercer sobre sí mismo alguna violencia o engaño para no admitir como realidad o ser otra cosa que la materia y sus propiedades, para limitarse al m. No se renuncia tan fácilmente al deseo innato o intuición de la propia inmortalidad (v.), no se abdica sin algún esfuerzo de la conciencia de la propia responsabilidad (v.) y libertad (v.), ni son fáciles de aceptar para un espíritu normal las contradicciones que encierra el m. En la aceptación de un m. teórico estricto de forma consciente pueden confluir, además de las razones históricas o herencias culturales que lo puedan favorecer, una ausencia de vida propia espiritual, una falta de un profundo espíritu de reflexión o de espíritu filosófico, y hasta una carencia de vida afectiva normal; en definitiva, y ello puede comprobarse en la realidad, al m. práctico o teórico acompañan, en mayor o menor medida y en formas más o menos sutiles, la irreligiosidad o impiedad, la pereza mental, el egoísmo, que son en el fondo actitudes o actividades del espíritu con las que éste parece pretender, inútil y contradictoriamente, su autodestrucción Se comprende que en el terreno de la teoría, a lo largo de la Historia de la Filosofía, el m. haya ocupado y ocupe un lugar irrelevante. En los s. XIX y XX ha habido un resurgir del m., a veces con feroz agresividad, en dos frentes principales: por un lado el m. teórico y práctico del socialismo (v.) y del comunismo (v.) (menos importante, aunque también influyente, ha sido el m. teórico de ciertos cultivadores de las ciencias naturales en ese siglo), y por otro lado el m. práctico que se refleja en las obsesiones del lucro, del confort y de la sexualidad especialmente extendidas en el último siglo. Sin embargo, resultan más importantes como fenómenos morales, sociales y políticos, que como teorías o sistemas filosóficos de pensamiento, a pesar de que el marxismo haya acuñado para su propia ideología eJ nombre de «materialismo científico», con el que se pretende prestigiar el término «materialismo» pero que en realidad desprestigia al «científico» 

 2. El materialismo teórico en la historia. En la Antigüedad pocos y contados pensadores desarrollaron teóricamente alguna clase de estricto m., y tampoco fueron pensadores de relieve. Con mayor o menor propiedad se les atribuye una forma de m. a los atomistas y seguidores de Demócrito (v.), a algunos sofistas (v.), y también a Epicuro (v.), Lucrecio (v.) y una parte del estoicismo (v.); era un m. de tipo cosmológico e hilozoísta; su influjo fue pequeño, su especulación pobre, y en general no tomada en consideración por los demás sectores de la filosofía. Después, el m. permanece durante siglos en el olvido; puede mencionarse, como anécdota, el caso del medieval David de Dinant que «estúpidamente identificaba la materia prima con Dios», según testimonio de S. Tomás (Sum. Th. I q3 a8). En el Renacimiento (v.) despunta cierto m. en algunos «humanistas» (V. HUMANISMO) de poca importancia a los que se puede calificar de neoatomistas o neoepicúreos (V. ATOMISTAS) Con un acusado m. se presenta todo el sistema de Hobbes (m. 1679; v.) y su inhumana y totalitaria concepción del Estado. Hobbes reduce la res cogitans de Descartes a la res extensa y difícilmente puede salvarse de un monismo materialista y mecanicista que es precedente de los m. modernos (V. II). Señalemos cómo, ya en este precedente, se verifica que el m. teórico al ser aplicado a la teoría social y política tiende fácilmente a formas totalitarias y de opresión, de lo que son luego cumplida muestra el socialismo y el marxismo. En la época de la Ilustración se da un m. acusado solamente en algunos enciclopedistas franceses, como Diderot (v.) y su grupo, entre los que están La Mettrie y Holbach (V. ILUSTRACIÓN I, 3a). También en el s. XVIII hay una tendencia al m. en el empirismo (v.) inglés de Locke (v.) y Hume (v.) Pero es en el s. XIX cuando el m. teórico renace con más vigor, al menos social y político, ya que como pensamiento o teoría siempre será débil. Resumiendo acertadamente, ha escrito J. Hirschberger: «La historia de la filosofía del s. XIX ha sido escrita regularmente por profesionales de la filosofía. A sus ojos, el m. carece de profundidad y de precisión científica. Naturalmente, su interés se ha orientado con preferencia hacia la pura filosofía, en concreto hacia la filosofía que dio el tono al comienzo del siglo, el idealismo alemán, y la que resurgió al finalizar el siglo, e¡ neokantismo. Breves brochazos bastaban para despachar la parte central de la pasada centuria, ocupada por el m., a pesar de que el m. es la más extensa corriente del siglo y acaso la más pesada herencia que nos ha dejado el s. XIX. Ya el espíritu general del tiempo sugería el m. La técnica e industria sumergidas en el mundo de la materia; la política internacional, cada vez más dominada por la idea de las grandes potencias; el hambre de dinero corriendo parejas con la civilización progresiva; hambre de dinero que se llama capitalismo cuando se tiene dinero, y que se llama socialismo cuando aún no se tiene dinero pero se quiere tener. El m. fue erigido en teoría consciente por parte de los hegelianos jóvenes o de la llamada izquierda hegeliana, así como por ciertos hombres de ciencia» (Historia de la Filosofía, II, 4 ed. Barcelona 1972, p. 303). Entre los primeros, Engels, Marx y sus continuadores; entre los segundos, Vogt, Moleschott, Büchner y Haeckel, que lograron cierto influjo aún duradero en algunos ambientes de la ciencia natural (v. II) Una «crítica contundente del materialismo salió de la pluma de Fr. A. Lange* en su obra clásica Geschichte des Materialismus (1866). Con su examen objetivo y desapasionado hizo más daño al materialismo que todos los golpes de los escritos puramente polémicos. La idea capital de Lange es que el materialismo tiene derecho a afirmarse como un método de investigación en las ciencias naturales; éstas pueden conducirse como si de hecho no se dieran más que realidades materiales; no afirmaron lo contrario Leibniz y el mismo Kant. Pero, en cambio, hay que rechazar el materialismo como metafísica y como concepción filosófica del mundo; sus afirmaciones rebasan aquí los límites de la experiencia, son primitivas y faltas de crítica. Debe contentarse, en su terreno experimental, con registrar y sistematizar fenómenos sin pronunciarse para nada sobre la cosa en sí,según había ya pensado y aconsejado Kant. Cuando, p. ej., se aplica a la psicología el método experimental de las ciencias naturales, cosa que propugna Lange, no está con ello decidido que lo psicológico, así descubierto, sea todo lo anímico, pues puede muy bien ser que algo esté en conexión regular con la anímico y, sin embargo, no sea más que un fenómeno concomitante, en ningún modo su verdadera esencia y fundamento». (J. Hirschberger, o. c., 11,318-319). La crítica de Lange al m. incluye una crítica al m. como ética, aunque sólo desde su personal posición de pragmatismo (v.) neokantiano (cfr. ib., 356) 
Puede, sin embargo, valorarse el m. como enfrentamiento con el idealismo (v.), llamando la atención y poniendo el acento sobre el aspecto material de la realidad y del mundo; se ha autocalificado, sobre todo el m. marxista, como «realismo» frente a las utopías idealistas y a los espiritualismos desencarnados. Aunque, al comprender monística y parcialmente la materia, es decir, al entenderla como única realidad, cae en un «idealismo» de signo contrario al espiritualista, tan utópico e irreal como éste; pero al menos le sirve de contrapeso. Puede llamarse materialismo realista el- realismo (v.) auténtico, es decir, a la recta comprensión de la materia (v.) y a su valoración como un aspecto importante, pero no único, de la realidad y del mundo (v.). El valor e importancia del aspecto material de la realidad se pone de manifiesto en la revelación cristiana al anunciar la resurrección (v.) de los muertos al fin del mundo, en el que aparecerán «el nuevo cielo y la nueva tierra», es decir, una transformación o transfiguración de la realidad mundanal (V. MUNDO III); lo mismo se pone de manifiesto también en la obligación, que atañe de modo especial a los laicos (v.), de santificarse en las realidades temporales, santificándolas al mismo tiempo (v. SANTIDAD IV; TRABAJO HUMANO VII; ESCATOLOGÍA III) 
 3. Significado y crítica del materialismo teórico. 
Dentro de los sistemas de pensamiento el m. es una forma de monismo. De modo sumario y esquemático puede decirse que, para explicar el origen del mundo, y la multiplicidad y diversidad que se encuentra en la realidad, se han dado tres clases de teorías o sistemas: el monismo, el dualismo, y la doctrina de la creación Caben diversas formas y matices dentro del monismo (v.), pero, en resumen y simplificando, se puede decir que el monismo explica todo a base de una sola clase de realidad, común a todos los seres, de una u otra forma sustrato de todas las cosas; habría una unidad esencial y sustancial entre todas las cosas, el ser (v.) sería unívoco. Se supone así una unidad o identidad esencial entre Dios y mundo (v. PANTEíSMO; ATEÍSMO), y con ella se suprime también toda diferencia esencial entre los diversos sectores de cosas: materia y espíritu, conocer y ser, seres vivos e inanimados, individuo y comunidad, etc.; las diferencias serían meramente accidentales; la variedad de las cosas sería únicamente variedad accidental de las formas de manifestación de la única realidad esencial, sólo variedad de fenómenos. Si se supone que todo es materia, será un monismo materialista; si se supone que todo es espíritu, será espiritualista (V. ESPIRITUALISMO) 
 El dualismo (v.) estricto y general supone que el origen del mundo y de la diversidad está en una doble realidad, irreductible una a otra y en perpetua pugna; el ser sería equívoco. Deja a salvo, en oposición al monismo, los contrastes esenciales existentes en la realidad, entre el ser contingente (mundo) y el Ser necesario (Dios), entre conocer y ser, materia y espíritu, etc., pero explicándolos como realidades antagónicas, reducibles a dos primeros principios o dioses, el del bien (espíritu) y el del mal (materia), de cuya lucha y mezcla en oposición surgiría precisamente la variedad y multiplicidad de las cosas. En general los sistemas dualistas, característicos de las religiones iranias (v. IRÁN VII) y posteriormente de los movimientos gnósticos (v. GNOSTICISMO), suponen un triunfo final del principio del bien y de los seres espirituales sobre el principio del mal y la materia 
 La doctrina de la creación (v.), que se encuentra ya en el A. T., descubre la analogía (v.) del ser, es decir, las diversas clases y la gradación de los seres, y un origen o principio común: Dios y su creación. Hay variedad y multiplicidad en los seres, pero su unidad no está en la esencia de los mismos, sino en su fuente o común origen. Dios y mundo se distinguen pero no se oponen. Es la teoría o doctrina coherente, racionalmente correcta, y explícitamente contenida en la Revelación cristiana. Evidentemente, el mundo no es opuesto a Dios (dualismo), ni se identifica con Dios (panteísmo), ni se puede entender sin Dios (materialismo), sino que ha sido creado por Dios y de Él depende (v. CREACIÓN III, 2d); la materia y los aspectos materiales de la realidad son así valorados y apreciados en su más íntima esencia y en su más alto sentido y finalidad 
De forma también sumaria y esquemática, por lo que se refiere a las diversas clases o matices del monismo, puede decirse que éste en cuanto identifica el ser y el conocer es idealismo (v.), en cuanto identifica los seres vivos y los inanimados puede ser hilozoísmo (v.) o mecanicismo (v.), en cuanto identifica individuo y comunidad puede ser individualismo (v.) o comunismo (v.), en cuanto identifica materia y espíritu será m. o espiritualismo (v.), etc. En todas estas teorías, aplicadas a sectores más o menos amplios de la realidad, hay una afirmación del panteísmo o del ateísmo, o al menos una tendencia a ellos; y en general muchas veces es fácil intelectualmente pasar de una forma a otra de estos errores del pensamiento, a veces enfrentados y opuestos, como muestra con frecuencia la historia (p. ej., del idealismo hegeliano surge el materialismo marxista; v. IDEALISMO I, 1; HEGELIANOS) 
 Acerca del monismo materialista cabe considerar que supone la contradicción de tomar a la materia como principio de unidad y al mismo tiempo principio de multiplicidad de todas las cosas y en todos sus aspectos. Por otra parte, frente a cualquier clase de monismo, es un hecho evidente la pluralidad de los seres, especialmente de las personas (v.) humanas, entre las que hay una clara irreductibilidad. Además todos los seres materiales son contingentes y corruptibles, es decir, no son necesarios, pueden no existir, y de hecho cualquier ser material alguna vez no ha existido o deja de existir; el que unos dependan o reciban el ser de otros no explica su existencia total; si todo fuese contingente, nada existiría; si no hubiese un ser necesario, inmaterial, incorruptible, eterno, etc. (v. DIOS), tampoco habría seres contingentes Además, en todo m. estricto hay presente, de forma más o menos explícita, una confusión entre lo percibido directamente con los sentidos (v. PERCEPCIÓN) y la realidad, es decir, una confusión de la realidad material con toda la realidad (v.) y del conocimiento sensitivo con toda forma de conocimiento (v.). Esto es característico también del positivismo (v.), y así no resulta extraño que algunos hombres de ciencia hayan pasado casi inadvertidamente del uso del método experimental positivo propio de las ciencias naturales, que es un m. únicamente metodológico, a un ilegítimo m. general y teórico. Los métodos e instrumentos de las ciencias experimentales o positivas no rebasan el nivel de los sentidos (v.) y de las sensaciones (v.); constatan sólo los fenómenos y propiedades de las realidades materiales, midiéndolos y relacionándolos entre sí (v. MATERIA II, 1). Si el científico no se percata de ello, puede dar un salto no científico del campo de lo material y de la ciencia física, o biológica, etc., al campo de lo metafísico, gnoseológico o ético, en donde actúa no sólo el conocimiento sensitivo, sino también el intelectual, la abstracción en sus últimos grados, la libertad y la subjetividad humana, etc.; al juzgar o estudiar este segundo campo con los métodos del primero se distorsiona la realidad, se confunde la parte con el todo, llegándose a la visión parcial o parcialista que es típica del conjunto de bases doctrinales del m. En el m. general y teórico, la materia y los aspectos materiales de la realidad resultan vistos parcialmente, y fuera de su origen y fin último (v. CREA- CIÓN III; MUNDO III; ESCATOLOGÍA III); y por tanto resultan minusvalorados y tomados menos seriamente que en un realismo auténtico, y mucho menos que en el seno de la Revelación cristiana 
 4. Origen y contenido del término. 
El vocablo materialismo, a pesar de sus precedentes en cuanto a su contenido, es un término acuñado muy al fin de la modernidad. Al parecer, fue Robert Boyle- quien lo introdujo en la forma adjetival (materialist=materialista) en su obra The excellence and grounds of the mechanical Philosophy (La excelencia y fundamentos de la Filosofía mecánica), publicada en 1674. Para Boyle era materialista todo pensador que aceptara el principio de que la realidad física estaba formada por un conjunto de corpúsculos que poseyeran unas propiedades mecánicas cuantificadas, a las que consideraba como «cualidades primarias», y que actuaran entre sí de acuerdo con unos principios mecánicos que pudieran expresarse matemáticamente. Boyle, y con él no sólo sus partidarios, sino también sus numerosos contradictores, identifican toda propuesta de cosmología atómica, corpuscular y mecánica, con el monismo materialista. El m., por tanto, sería la antítesis del idealismo (v.); p. ej., Berkeley (v.) afirmaría tajantemente que no teniendo la materia en sí realidad propia, sólo nuestro conocimiento de la hipotética realidad material podía conferir a ésta su entidad, por lo cual defendería la tesis del idealismo subjetivo Indudablemente y dejando la proyección sobre el pensamiento antiguo de la terminología de la modernidad, el m. se constituye con plena conciencia a partir de la división cartesiana de la realidad en una res cogitans y una res extensa (v. DESCARTES). Esta última al estar regida precisamente por la mera extensión es rigurosamente medible y puede expresarse matemáticamente. Frente a este dualismo, que presenta sin duda algunas dificultades considerables, cabría decidirse por uno de los dos términos de la realidad así planteada. Al preferir la res cogitans se abría el camino dialéctico que conduciría al idealismo subjetivo; si, por el contrario, la elección recaía en la res extensa, el resultado sería el m.. El punto común de coincidencia del m. residiría, por tanto, en reconocer como realidad la correspondiente a los cuerpos materiales, sea lo aparente o lo subyacente. No se trata, pues, de una materia «metafísica» por así llamarla, como la hylé aristotélica, que es la simple posibilidad de convertirse en cualquier cosa y que en la realidad aparece siempre ya «conformada» por la forma, sino la realidad material cuantificada de la cosa natural concreta. La materia del m. puede ser, por tanto, indeterminada o determinada, informe o conformada; pero en cualquier caso se trata de la sustancia única, radical y originaria; el ser (v.), todo ser, sería materia; la materia sería el único modo de ser (v. MATERIA 1, 3 y II, 1) 

 Pueden señalarse una serie de bases doctrinales comunes a todo m. así entendido: a) La realidad pertenecería de modo directo, propio y originario a la materia y sólo a ella. b) La materia resulta así, no una potencia indeterminada, sino una realidad material corporalizada. c) El espíritu no sería nada diferente de la materia, sino la conciencia que emerge epifenoménicamente de la realidad material. d) La materia por sí sola podría en cierto modo trascenderse (aunque este término, por lo general, no sea del gusto de los materialistas) y alcanzar una conciencia de sí misma. e) El m. debe explicar todo fenómeno superior y complejo, por otros inferiores y más simples. f) El orden axiológico debería construirse de abajo arriba, en tanto que lo inferior lleva en potencia lo superior, y lo simple, lo complejo. g) El espíritu o la conciencia no se libran de esta ley general, sino que con pleno derecho participan de ella. h) El orden de las posibilidades que puede ir explicitando la materia está absolutamente predeterminado, tanto en lo que se presenta como orden físico, como en lo que nos parece estructura ética, pues ésta no escapa tampoco del principio general de la explicación de lo superior por lo inferior. i) La libertad consiste en el desarrollo del proceso de evolución de la materia Pueden señalarse también algunas notas o matices diferenciales entre las diversas formas de m., y que corresponden a las distintas maneras de comprenderlo, enfocarlo y realizarlo. Pero antes hay que distinguir entre el m. metodológico y el m. teórico o m. propiamente dicho. 

El m. metodológico o, mejor, el método materialista es el propio de las ciencias naturales, en las que es universalmente aplicado como principio de investigación, pero sin trascender los resultados a esferas distintas de las directamente estudiadas e investigadas; es decir, con los métodos experimentales o positivos se estudia sólo la materia, porque esos métodos no pueden captar otros aspectos de la realidad, y en la materia se busca la explicación y leyes de los fenómenos estudiados, sin trascender su ámbito ni llegar a las causas primeras ni a las últimas (V. MATERIA II, 1; METODOLOGÍA CIENTÍFICA). En este sentido relativo puede decirse que toda la ciencia natural actual es materialista, en cuanto su campo de estudio es lo material y en cuanto no pretende salirse de ese campo (otros campos serían el metafísico, el ético, cte.); es un m. metodológico, o m. práctico, distinto del sentido coloquial de la expresión y del m. teórico 

 5. Formas de materialismo teórico. 
Una explicación más completa de los diversos desarrollos y matices diferenciales dentro del m. teórico se encontrará en el art. siguiente sobre los materialistas modernos (v. ii) y en los artículos a los que se irá remitiendo; aquí sólo se pretende presentar un resumen o esbozo de los tipos de m  a) El materialismo corporalista es la forma más antigua; es el m. que de hecho ha tenido alguna «prehistoria» anterior a las formulaciones poscartesianas. Así pueden encontrarse «formas» de m. corporalista en el pensamiento indio chárráka, en el atomismo (v.) de Demócrito (v.), Leucipo, Epicuro (v.) y Lucrecio (v.), y en el corporalismo de algunos estoicos (v.) b) El materialismo mecanicista tiene su antecedente histórico en Hobbes (v.) y su formulación más desarrollada en Helmholtz (v.). Considera que la materia tiene una estructura rigurosamente mecánica, como ya había pensado Descartes: v. MECANICISMO, y II, 1 c) El materialismo hilozoísta, por el contrario, sostenido por Haeckel (v.) considera que la materia es por sí misma específicamente animada: v. HILOZOISMO, y II, 2 d) El materialismo fenomenista se corresponde con la concepción de Ernst Mach (v. FENOMENISMO, 2), que aunque teóricamente afirma que no quiere pronunciarse sobre la índole de la realidad, postulando un inmanentismo neutralista, de hecho al atenerse sólo a lo puramente fenoménico, lo entiende desde el lado material. Sin embargo, al ver la realidad material como una continuidad de sensaciones, cabe interpretar en sentido contrario sus ideas, reduciéndolas a un idealismo neo-berkeleyano, como ya le criticó Lenin (v. 11, 3) e) El materialismo dialéctico consistió originariamente en una interpretación «material» de la dialéctica hegeliana (v. II, 4), que en este punto corresponde fundamentalmente a Engels (v.), aunque hoy se presenta como un punto fundamentalmente del «sistema» marxista, cuya paternidad común corresponde al binomio Marx-Engels. No hay duda de que para Marx (v.) las leyes históricas y las leyes físicas no son reducibles unas a otras; el hombre no puede ser considerado como un ser meramente natural; es también creador y libre, e intenta liberarse de la «opresión» -nunca usó Marx el término «represión» tal como aparece en Marcuse (v.) y sus seguidores, y cuyo origen está en Freud (v.)- natural o histórica. Pero Engels cubrió la «laguna» de Marx, afirmando que el primado pertenece al «ser» y no al «pensar», que se limita a reflejar al primero; ahora bien, este «ser» es entendido como materia. Se trata pues de un m. radical que utilizará como método la dialéctica hegeliana, desprendida de su contenido (v. II, 4f) f) El materialismo histórico completa, en la concepción marxista, al m. dialéctico. Para Marx, de quien es la idea original del m. histórico, la historia (v.) es la «sucesión de verdades parciales»; cada momento histórico, considerado en sí mismo, es en cierto modo un error y una verdad, pero el conjunto es una dialéctica material (v. II, 4g) V. t.: 

MONISMO; PANTEÍSMO; ATEÍSMO; HUMANISMO; INMANENCIA; MATERIA; CREACIÓN III; MUNDO III; ESPÍRITU; INMORTALIDAD II; REALIDAD; SER 

M. CRUZ HERNÁNDEZ 

 BIBL.: F. A. LANGE, Historia del materialismo y crítica de su significación en el presente, 2 vol. Madrid 1903; H. SCHW.ARZ, Der moderne Materialismus als Weltanschaunng und Geschichtsauffasung, Leipzig 1904; F. KLIMKE, Der deutsche Materialismus ¡ni 19. fahrhundert, Hamburgo 1907; íD, Il monismo e le sue basi filosofiche, Florencia 1914; W. SILZBACH, Die Aufange der materialistischen Geschichtssauffassung, Berlín 1911; H. BERGSON, H. POINCARÉ y OTROS, Le matérialisme actuel, París 1933; J. M. BOCHENSKI, El materialismo dialéctico, 3 ed. Madrid 1966; G. A. WETTER, El materialismo dialéctico, Madrid 1963; íD, La ideología soviética, Barcelona 1964; J. M. IBÁÑEz LANGLOIs, El materialismo dialéctico e histórico, «Nuestro Tiempo», nb 125, XXII (1964/11) 524-539; A. WENZL, Materie und Leben als Probleme der Naturphilosophie, Stuttgart 1949; A. WILLWOLL, Alma y espíritu, 3 ed. Madrid 1953; É. GILSON, La unidad de la experiencia filosófica, 2 ed. Madrid 1966; A. DEL NOCE, Il problema dell'ateismo, 3 ed. Bolonia 1970; C. FABRO, Introduzione all'ateismo moderno, 2 ed. Roma 1969; C. CARDONA, Metafísica de la opción intelectual, Madrid 1969; J. HIRSCHBERGER, Historia de la Filosofía, 4 ed Barcelona 1972 (cfr. «materialismo» en el índice de materias, II, 585)


Federico Alberto Lange publicó en 1866 la primera versión de su Geschichte des Materialismus und Kritik seiner Bedeutung in der Gegenwart (J. Baedeker, Iserlohn 1866, XVI+563 páginas), que amplió en una segunda edición en dos tomos, poco antes de fallecer: Geschichte des Materialismus und Kritik seiner Bedeutung in der Gegenwart. Zweite, Verbesserte und Vermehrte Auflage. Erstes Buch: Geschichte des Materialismus bis auf Kant. Zweites Buch: Geschichte des Materialismus seit Kant (Verlag Von J. Baedeker, Iserlohn 1873-1875, XIV+434 y XIII+573 páginas). A partir de esta segunda edición alemana tradujo B. Pommerol la versión francesa, autorizada por Lange, pero que se publicó sin que el autor pudiera revisarla, como estaba inicialmente previsto, y se publicó en dos tomos en 1877 y 1879: Histoire du matérialisme et critique de son importance à notre époque, par F.-A. Lange, professeur a l'Universite de Marbourg. Traduit de l'Allemand sur la deuxième édition avec l'autorisation de l'auteur par B. Pommerol, avec une introduction par D. Nolen, professeur à la Faculté des lettres de Montpellier (Chez C. Reinwald et Cie, libraires-éditeurs, París 1877-1879, 2 tomos, LI+538+20 y VII+711 páginas). Paralelamente Ernest Chester Thomas tradujo la obra al inglés (Trübner & Co., Londres 1877, 1880, 1881, 3 vols.). En 1899 se publicó en ruso. La edición española se publicó en Madrid en 1903, a partir de la versión francesa, traducida por Vicente Colorado para la Biblioteca Científico-Filosófica publicada por Daniel Jorro, ocupando dos tomos de 548 y 664 páginas. En noviembre de 2007 el Proyecto Filosofía en español publicó, en formato pdf, el facsímil de esta primera edición española, disponible a la libre consulta a través de internet.
Filosofo alemán, nacido en Wald [actualmente un barrio de Solingen, distrito de Düsseldorf, en Renania del Norte-Westfalia] el 28 de septiembre de 1828, hijo del teólogo protestante y escritor dogmático Juan Pedro Lange (1802-1884), y fallecido en Marburgo [Hesse] el 21 de noviembre de 1875, conocido principalmente por haber compuesto el primer ensayo de la supuesta evolución histórica de los sistemas filosóficos llamados materialistas, su famosa Geschichte des Materialismus (1866, 1873-1875), obra que muy pronto se tradujo al francés (1877-1879) y al inglés (1877-1881), un poco más tarde al ruso (1899) y en 1903 al español, por Vicente Colorado, a partir de la versión francesa de la segunda edición alemana: Historia del materialismo, Daniel Jorro, Madrid 1903, 2 tomos. (disponible desde noviembre de 2007 en edición facsimilar, formato pdf, en el Proyecto Filosofía en español.) 
 De niño se trasladó con su familia primero a Langenberg, en 1832 a Duisburgo y en 1841 a Zurich, pues su padre pasó a ocupar el puesto de profesor de Teología que había dejado vacante David Federico Strauss, cuando se vió obligado a dimitir al derrotar los ciudadanos suizos armados que tomaron Zurich al anterior gobierno cantonal liberal, secuela de los enfrentamientos religiosos que se reavivaron con la publicación de su Vida de Jesús (1835). En Zurich estudió filología y teología, en particular las doctrinas de Hegel y de Herbart, a través de quién se fijo en Kant. En 1848 se trasladó a estudiar a la Universidad de Bonn, con Friedrich Ritschl, cursando filosofía, literatura alemana, geometría analítica y cálculo. En 1851 obtuvo el doctorado con un trabajo sobre Quaestiones metricae. Tras realizar el servicio militar en Colonia, ejerció de profesor en un instituto y a partir de 1855 como privatdozent de la Universidad de Bonn. En el verano de 1857 comenzó a ofrecer sus primeras lecciones sobre el materialismo, interesado ya por reconstruir una historia de las doctrinas filosóficas que se fueron agrupando bajo tal rótulo. Al no poder mejorar su posición como profesor en la Universidad aceptó volver al Gymnasium de Duisburgo, a sus clases de griego, latín, alemán y filosofía, entre 1858 y 1862. A partir de 1859 escribió varios artículos de temática pedagógica para la Enzyklopädie des gesammten Erziehungs und Unterrichtswesens de Karl Schmid, entre ellos uno dedicado a la figura de Juan Luis Vives. Este artículo determinará posteriormente la simpatía de Marcelino Menéndez Pelayo hacía la persona de Lange, como puede verse en las menciones recogidas más adelante. Federico Alberto Lange (1828-1875) Paralelamente comenzó a actuar como activista político, implicado en las nuevas cooperativas de consumidores y en los proyectos unificadores de Alemania, del Deutsche Nationalverein. Este activismo político le obligó a tener que dejar la enseñanza en 1862. Pasó a ser coeditor del liberal Rhein und Ruhrzeitung, periódico crítico con Bismarck, que también abandonó al cabo de unos meses. Participó en el segundo Congreso de la Asociación de los Trabajadores Alemanes (VDAV), en Leipzig, octubre de 1864, como representante de la cooperativa de consumidores de Duisburgo, en pleno conflicto con los sucesores del recientemente fallecido Ferdinand Lassalle. Fruto de esas disputas políticas su escrito Arbeiterfrage (La cuestión obrera, 1865). En 1866 se sumó a la Asociación Internacional de Trabajadores, a la Primera Internacional. Un año más tarde apareció la primera edición de su Historia del materialismo. En 1869 se incorporó a la universidad de Zurich, logrando al año siguiente una plaza como profesor. En 1872 pasó a ser profesor en Marburgo, pero ya se le había manifestado el cáncer que había de acortar su vida. A pesar de la enfermedad continuó trabajando en la segunda edición de su Historia del materialismo, publicada en dos tomos, el primero en 1873, el segundo en 1875 (cuyo prólogo, en el que menciona la «enfermedad grave que me ha vedado toda clase de trabajo», firma en enero de 1875). Falleció en Marburgo el 21 de noviembre de 1875.

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Lange a la luz del marxismo y del leninismo  
La propia indeterminación del rótulo materialismo y las enfrentadas posiciones ideológicas y doctrinales que envuelven estos asuntos permiten entender la variedad de interpretaciones contrapuestas ante la obra de Federico Alberto Lange. Por ejemplo, el Lenin de Materialismo y empiriocriticismo, influirá en la historiografía soviética, que repetirá opiniones canónicas como las siguientes (no es de extrañar, por tanto, que en lengua rusa figuren localizadas ediciones de la Historia del materialismo de Lange de finales del siglo XIX y de principios del siglo XXI, pero no del periodo marxista leninista): «Federico Alberto Lange (1828-1875): filósofo alemán, idealista subjetivo, uno de los representantes tempranos del neokantismo; catedrático de la Universidad de Zurich (desde 1870) y de la de Marburgo (desde 1872). Lange falsificó el materialismo e intentó demostrar su inconsistencia como doctrina filosófica. En sus obras, escritas desde posiciones burguesas liberales, tergiversó la esencia del movimiento obrero, fue partidario de la teoría reaccionaria maltusiana de la población y conceptuaba el capitalismo de régimen «natural y eterno» de la sociedad humana.» (Índice de nombres, V. I. Lenin, Obras escogidas en doce tomos, Editorial Progreso, Moscú 1976, tomo IV, página 426.) «En 1896, con un júbilo extraordinariamente triunfal, el conocido idealista kantiano Arminio Cohen escribía en el prólogo a la quinta edición de la Historia del materialismo, falsificada por F. Alberto Lange. «El idealismo teórico –exclamaba A. Cohen (pág. XXVI)– ha empezado a conmover el materialismo de los naturalistas, sobre el que acaso obtenga muy pronto una victoria definitiva». 

«Lo importante no es que, al hacerlo, Bogdánov ajuste todos o «casi» todos sus resultados y conclusiones a la teoría de Marx (ya hemos visto la «enmienda» que hace al problema de la relación entre el ser social y la conciencia social); lo importante es que los procedimientos de ese ajuste, de ese «energetismo social» son falsos de cabo a rabo y no se distinguen en nada de los procedimientos de Lange. «El señor Lange –escribía Marx el 27 de junio de 1870 a Kugelmann– (La cuestión obrera, &c. 2ª ed.) me prodiga grandes elogios... con objeto de dárselas él mismo de gran hombre. Es que el señor Lange ha hecho un gran descubrimiento. Toda la historia puede ser condensada en una sola gran ley natural. Dicha ley natural se resume en la frase: Struggle for life, lucha por la existencia (así aplicada, la expresión de Darwin se convierte en una frase vacía), y el contenido de dicha frase es la ley maltusiana de la población, o más bien, de la superpoblación. Por consiguiente, en lugar de analizar ese Struggle for life, como se ha manifestado históricamente en las diversas formaciones sociales, no queda, pues, más que convertir toda lucha concreta en la frase Struggle for life, y esta frase en la fantasía maltusiana sobre la población. Convengamos en que este método es muy convincente... para la ignorancia enfática, pseudocientífica, presuntuosa, y para la pereza mental.» Lo fundamental de la crítica que Marx hace de Lange no estriba en que Lange introduzca especialmente el maltusianismo en la sociología, sino en que el traslado de las nociones biológicas en general a las ciencias sociales es una frase.» (V. I. Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, Capítulo VI, 2. Obras escogidas en doce tomos, Editorial Progreso, Moscú 1976, tomo IV, págs. 331-332.) 
Lecturas antimaterialistas del materialismo de Lange 
La incapacidad o la torpeza en la interpretación de la obra de Lange, o la simple manipulación ideológica interesada, lleva a algunos autores idealistas a confundir las pretensiones de Federico Alberto Lange. Así el fundador de la antroposofía, el austriaco Rudolf Steiner (1861-1925), asegura: 
«Una curiosa variación del idealismo la constituye la concepción de Friedrich Albert Lange, expuesta en su muy leída Historia del Materialismo. Para él el materialismo tiene razón al considerar que todos los fenómenos del mundo, incluido nuestro pensar, son el producto de procesos puramente materiales; que a la inversa, la materia y sus procesos son un producto de nuestro pensar. “Los sentidos nos dan... los efectos de las cosas, no las imágenes fieles de las cosas, ni las cosas mismas. A estos meros efectos pertenecen también los sentidos mismos juntamente con el cerebro y sus supuestas vibraciones moleculares”. Esto quiere decir que los procesos materiales producen nuestro pensamiento, y el pensar del “Yo” produce aquéllos. Con ello la filosofía de Lange no es otra cosa que la historia, convertida en conceptos, del valiente Münchhausen que se mantenía suspendido en el aire agarrándose de su propia cabellera.» (Rudolf Steiner, La filosofía de la libertad, II. El impulso fundamental hacia la ciencia, 1894.) 
 La Enciclopedia Británica (decimoprimera edición 1910-1911) dice que «según Lange, pensar claramente sobre el materialismo es refutarlo», cuando lo que Lange sostiene es que el propio avance de la ciencia y de la filosofía dicha materialista es el que obliga a arrinconar y superar posiciones dichas materialistas que van quedando anticuadas y desconectadas del conocimiento cada vez más profundo que se va teniendo de la realidad. En la Enciclopedia Espasa (tomo 29, 1916, página 628) encontramos un acabado ejemplo de esta incapacidad de entender, desde posiciones idealistas y apologéticas cristianas, la dialéctica materialista que encontramos en la obra de Federico Alberto Lange: «Sin duda ve en el materialismo la expresión más inmediata de la ciencia, trasladada al terreno filosófico; pero juntamente da a entender que todo lo que tiene de inmediato y de simplista explicación del mundo, lo tiene también de primitivo y de ingenuo. Hasta cierto punto su objeto era corregirlo para no dejar a los hombres de ciencia en esta perpetua infancia filosófica a que les ha de condenar siempre el materialismo a que tan fácilmente les conduce la exposición e inmediata explicación que profesar dar del universo. Porque para Lange el materialismo es un sistema que en sus mismos triunfos ha de encontrar siempre su derrota. Así que no era él materialista en el sentido vulgar de la palabra, sino que más bien era su adversario. A decir verdad, hay que contarle entre los defensores del materialismo, aunque hoy el nombre de su escuela sea otro, a saber: el paralelismo psicofísico..

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