sábado, 14 de diciembre de 2013

Leopoldo von Ranke El positivismo en Historia

Leopold von Ranke (21 de diciembre de 1795 - 23 de mayo de 1886), historiador alemán, uno de los más importantes historiadores del siglo XIX y considerado comúnmente como el padre de la historia científica. Leopold von Ranke en 1877. 
Leopold von Ranke nació en Wiehe, en aquel entonces del reino de Prusia, hoy Unstrut, del estado de Thuringia, Alemania. Ranke fue educado en casa y en el Instituto de Schulpforta. Aún siendo un niño demostró un fuerte interés en las culturas clásicas, lo que lo llevó a perfeccionar el griego y el latín. En 1814, Ranke entra a la Universidad de Leipzig, donde se concentró en Estudios Clásicos y Teología, influenciado fuertemente por la Iglesia Luterana. En Leipzig, se convierte en experto en filología y comienza a traducir los textos de clásicos autores del latín.
 Las circunstancias que le llevan a la Historia son personales. Se despierta su interés por las novelas históricas de Walter Scott, inventor de este género. Scott escribe Waverley en 1814, al final de las Guerras Napoleónicas. La historia en esta obra no es el telón de fondo, sino la protagonista. El novelista intenta recrear el pasado, reconstruyendo el conflicto entre ingleses y escoceses. Este género caló mucho y fue imitado, teniendo muchos éxitos. Ranke lee estas novelas y se queda fascinado, y se le ocurre leer cosas del pasado real, para saber si el pasado era realmente así, descubriéndolo para sí aún más fascinante. 
 La obra de Barthold Georg Niebuhr, 1776-1831, inspiró a Ranke, ya que fue el inventor de lo que Ranke posteriormente hizo. Llevó a cabo la reforma agraria en Prusia, ya que este país se encontraba en un sistema feudal y él lo condujo hasta una modernización, Barthold Georg Niebuhr es el encargado de realizarla, en su solución se interesa por la historia e intenta averiguar como se lleva a cabo la reforma agraria romana, para luego aplicarla a la suya y también analiza las reformas, por lo que acude a los historiadores romanos (Tito Livio) llegando a la conclusión de que este método no era fiable, por lo que acude a los documentos contemporáneos, y aplicándoles el método filológico. Como consecuencia de este estudio escribe una historia romana, en la que lo primero que intenta es reconstruir lo que ocurrió basándose en documentos de la época, pero, aunque no poseía las mismas cualidades historiográficas de Ranke, su labor inaugura el método que Ranke va a llevar a su máximo esplendor en fechas posteriores. 

Historia historietica

En el año 1824 Ranke publica Historia de los Pueblos Romanos y Germánicos (1.494-1.514). Este es el primer libro del tipo de historia historicista, y va a incluir el programa ideológico de esa nueva historia, el contenido analiza un conflicto entre la monarquía francesa y la española por los territorios de Italia, la tesis de Ranke es que Europa surge como el conflicto entre los pueblos románicos y los germánicos. Lo importante del libro es el método, el enfoque que da al asunto. Por eso publica un apéndice donde expone sus métodos, a la vez que critica a los autores anteriores que habían escrito sobre esa historia, por ejemplo a Francesco Guicciardini, que en su Historia de Florencia hace algo que es insostenible, que es recurrir a la novela, ya que Ranke cree que hay que acudir a los documentos para saber con seguridad lo que había ocurrido (Ranke se basa para este libro en los informes de los embajadores venecianos). Ranke obtiene un reconocimiento inmediato y es nombrado para ocupar la cátedra de la universidad de Berlín y se le considera como el gran maestro de la Historia de Alemania y servirá como punto de referencia para todo el mundo; sus obras completas abarcan 54 volúmenes y en ellas habla de la historia de Prusia, de Inglaterra y de los Papas, pero no escribe una historia universal, Ranke lleva a cabo una enseñanza partiendo del método de los seminarios, en los que adoctrina historiadores que trabajan codo con codo bajo el maestrazgo de Ranke. Era para la mentalidad epistemológica de la época Alemania un centro obligado de formación histórica. 

 Postulados de Ranke

No debe existir una teoría histórica, con esquemas previos que imponga sobre el pasado, como se hacía anteriormente. Ranke dice que sea el pasado el que hable, el historiador no tiene boca. Pone de manifiesto un método: el filológico, que consiste en el recurso a los documentos. Su historia tiene un componente religioso, Ranke fue un hombre al que le interesaba la historia porque creía que era un vehículo para encontrar a Dios (consideraba que tenía una presencia en la historia a la manera cristiana, que diera sentido a ésta). Ranke cree que Dios está en los propios hechos de la historia siempre y cuando se deja hablar a la propia historia, la historia es una especie de jeroglífico divino que si se reconstruye se puede ver la presencia divina en la historia. 

Ranke puso énfasis en la narración histórica, introduciendo ideas como la confianza en fuentes primarias, un énfasis en la historia narrativa y especialmente política e internacional (Aussenpolitik), y un compromiso para escribir historia "como realmente fue" (wie es eigentlich gewesen ist). Empezando con su primer libro, la Historia de los pueblos latinos y germánicos de 1494 a 1514, Ranke hizo un uso extraordinariamente amplio de fuentes para un historiador de la época, incluyendo "memorias, diarios, cartas, las expediciones diplomáticas y de testimonios de primera mano de testigos oculares". En este sentido se apoyó en las tradiciones de Filología, pero dio énfasis a documentos mundanos en lugar de la literatura vieja y exótica. En 1834-36 publica Historia de los Papas, un valioso estudio del Papado y sus representantes en la Edad Moderna, desde el siglo XV a la primera mitad del XIX. Considerada en extremo crítica y sustancialmente escéptica, fue contestada ampliamente desde la historiografía católica del momento, en especial por el historiador Ludwig von Pastor y su monumental "Historia de los Papas desde fines de la edad media". En el centro de su método, Ranke no creyó en las teorías generales que pudieran cortar el tiempo y espacio. En cambio, habló de que la aproximación al tiempo histórico se hacía por fuentes primarias. Sobre la posibilidad de leyes que dirigieran la historia, dijo no saber de ellas y que prefería quedarse con un “empirismo de tonto”.[cita requerida]


 Bjerg, Mariía. 2009. La historia tradicional. Curso Metodología de la Historia. Quilmes,

Pero dejemos por ahora en suspenso estos problemas y pasemos a una caracterización del paradigma tradicional (o historicista) cuya formulación, como ustedes saben, se debe al historiador alemán Leopold Von Ranke quien inaugura una larga época de imperialismo de la historia política y de la historiografía alemana. Como veremos, pocas voces dejarían oír sus reclamos durante el siglo XIX por una historia social, por una historia que diese cuenta de las interacciones de lo político con los económico y lo cultural, por una historia que incluyera a aquellos que, en palabras de Michelet, “sufrieron, trabajaron, decayeron y murieron sin ser capaces de describir sus sufrimientos”.

En primer lugar, las formulaciones de Ranke sientan las bases de la profesionalización del trabajo histórico, entre otras razones porque una de las preocupaciones centrales del historiador alemán fue el establecimiento de un método científico y junto a esto la importancia que le atribuyó  a las fuentes contenidas en archivos oficiales, así como a la creación de medios de difusión de los resultados de la historia académica. De esta época datan  publicaciones profesionales como Historische Zeitschrift (1856)  y sus similares francesa Revue Historique (de los años 1870) e inglesa, English Historical Review de mediados de los años 1880.

La historia tal como la concebía Ranke y luego lo harían sus discípulos y seguidores, era una disciplina que utilizando un método y en base a fuentes oficiales:

  1. Se ocupaba esencialmente de la política. El aserto de John Seeley, un profesor de la universidad de Cambridge daba cuenta del excluyente interés de  los historiadores académicos del siglo XIX al decir que: “la Historia es el pasado de la política y la política es la historia del presente”.

  1. Describía personas y acontecimientos que tuvieron lugar y que existieron y no prestaba atención al análisis de estructuras y problemas (como luego iba a hacerlo la “nueva historia” encarnada, entre otros movimientos,  en Annales).

  1. La exposición seguía las acciones en una sucesión diacrónica y conocía un tiempo unidimensional en el que los sucesos posteriores seguían a los anteriores.

  1. Las acciones humanas plasmadas en el relato reflejaban la intencionalidad de los actores.

  1. Los tópicos más importantes eran los hechos políticos y diplomáticos y los grandes hombres de poder. Al resto de los mortales les era concedido un lugar menor en el gran drama de la historia.

  1. El Estado  era el protagonista  del relato.

  1. Había un dominio de la historia nacional.

  1. La historia era entendida como  una disciplina objetiva que exponía los hechos “tal como ocurrieron”

Uno de los problemas a los que debemos prestar atención es la forma en que el paradigma tradicional concebía al tiempo. Por un lado, la historia tenía continuidad y eventualmente demostraba  progreso y evolución. De esa suerte, la historia era equiparada en el siglo XIX con el desarrollo de los estados-nación europeos y con el irremediable progreso de la cultura, la ciencia, la técnica y la razón ilustrada. Como afirmaba Ranke, India o la China, por ejemplo, no tenían historia puesto que ésta era sólo un  atributo de los pueblos civilizados. La historia era un desarrollo lleno de sentido en el que los valores burgueses del sometimiento de la naturaleza por medio de la razón y de la ciencia se realizaban en beneficio de la humanidad.  Entonces, el tiempo era  un continuo que daba cuenta de la evolución y que tenía una sola y única dimensión. Si estos postulados (o axiomas) podían sostenerse en el siglo XIX, en la época del auge del capitalismo, de la expansión imperialista y de un mundo que parecía girar en derredor de Europa y de los valores europeos, la guerra y la crisis de posguerra iban a crear una inmensa pared contra la que los axiomas rankeanos chocarían irremediablemente. Se rompería así el principio de la evolución, de la razón ilustrada y del eurocentrismo asestando un  golpe durísimo a esta concepción tradicional de la historia.

Otra de las preocupaciones de los historiadores tradicionales (que alejaba a la historia del relato literario) era establecer el carácter científico de la disciplina y darle a la crítica de fuentes un lugar central en el método. En este sentido, aunque se ocupaban de la narración, la preocupación de los historicistas era separar a los campos histórico y literario puesto que la historia era una ciencia y su principal preocupación debía ser el método y las técnicas vinculadas a la crítica de documentos que le permitieran alcanzar un “conocimiento verdadero”. Esta posición redundaba, como dice Chartier, en “una epistemología de la coincidencia” puesto que la realidad coincidía con el relato de los  hechos que a su vez daban cuenta de la intencionalidad de los actores. Los historiadores plasmaban (no representaban) el pasado en sus obras.

Cuando esa epistemología de la coincidencia fue puesta en tela de juicio, cuando comenzó a advertirse que había una brecha entre el pasado y su representación, la discusión sobre la narrativa, sobre el relato cobró preeminencia. Pero este será un tema que retomaremos un poco más adelante, después de haber repasado las reacciones contra el historicismo y  los cambios que al quehacer historiográfico trajeron los movimientos de Annales y la historia social radical británica.
 (1)

RANKE Y EL HISTORICISMO ALEMÁN
En este trabajo nos proponemos exponer el contexto histórico, social y
filosófico que caracterizó la aparición de la llamada corriente historicista, también
conocida como escuela científica alemana. Expondremos sus principales
principios teóricos y metodológicos, su concepción de la historia y de sus actores.
Para este propósito nos basaremos en dos personajes representativos de dicha
corriente, Guillermo von Humboldt y su alumno Leopoldo van Ranke, considerado
como el máximo exponente del historicismo. Finalmente analizaremos las
principales contribuciones del historicismo al quehacer del historiador, así como
las criticas más comunes de que ha sido objeto.
Los historiadores alemanes de principios del siglo XIX tenían dos problemas
fundamentales sobre la orientación que deberían de tomar sus trabajos, por una
parte aspiraban a contribuir a la unificación política alemana, ya que dicha nación
era un caos de estados, ciudades libres y feudos, por la otra, se pretendía
modernizar al país pero sin correr los riesgos revolucionarios que habían sufrido
otras naciones después de la Revolución Francesa (Fontana 2001: 164). El
camino que los historiadores tomaron para enfrentar estos problemas fue muy
claro: el nacionalismo.
Desde un punto de vista filosófico estos historiadores tenían otro objetivo:
convertir a la historia en una ciencia verdadera. De hecho, su movimiento fue una
reacción contra los filósofos (Hegel en particular) que sin fuentes verdaderas y con
la selección de unos cuantos hechos parecían confirmar sus ideas, haciendo
interpretaciones del pasado. Los historiadores decidieron definir y delimitar su
campo de trabajo, a la manera de las ciencias naturales (Vázquez 1973: 127).
Había que conseguir una verdad científica, de validez universal.
Se puede decir que los precursores de esta escuela, o quienes fueron los
primeros en plantear los problemas que después otros desarrollarían, fueron los
profesores de la Universidad Alemana de Gotinga (en 1737), quienes afirmaron
que los hechos no son la historia misma, sino que precisamente era la tarea del
historiador ordenar la masa caótica de los materiales históricos. Tenían claro que
era necesario ir más allá de las biografías de los reyes o de la cronologías de los
reinos, las guerras y la batallas; sostenían que cualquier tipo de trabajo histórico
implica una selección, y sostenían que la perspectiva del historiador define los
diferentes aspectos de su verdad. No obstante, estos pioneros fueron a la vez
modernos y conservadores: modernos por equilibrar el análisis político y social con
la narración de los hechos, conservadores por no integrar a sus narraciones la
información demográfica, económica y geográfica que tenían a su alcance
(Corcuera 1997: 115-116).
De Gotinga el núcleo de la corriente historiográfica pasó a Berlín, donde la
corriente comienza a ser conocida como historicismo. Un rasgo que la define es su
rechazo del universalismo de la Ilustración, rechazando la construcción apriorística
del mundo, la comprensión de los acontecimientos no se consigue con la filosofía
especulativa, sino con la investigación histórica (Fontana 2001: 167; Corcuera
1997: 117).
La historia no había de ocuparse de estadios de desarrollo social ni de
“siglos”, sino de las naciones consideradas orgánicamente, los hechos que
estudiase el historiador habían de analizarse individualmente, en el contexto
nacional, sin buscar leyes o regularidades generales que los explicasen (Fontana
2001: 167).
El pionero de estas ideas fue Guillermo von Humboldt, quien en su afán de
lograr una historia científica reunió el método de la crítica filológica y una rama del
pensamiento romántico fundada por él mismo, la ideología histórica. La crítica
filológica consistía en un análisis formal de la fuente para decidir las partes
utilizables, una crítica de la fuente para encontrar los hilos del pensamiento del
autor que nos daría la clave de su interpretación y quitarle los datos parciales. La
ideóloga histórica consistía en ver la historia como un proceso movido por grandes
ideas, detrás de cada transformación histórica había un movimiento ideológico,
veía en las grandes personalidades la representación viva de las ideas (Vázquez
1973: 128).
Así, Humboldt estableció los tres ejes teóricos de la historiografía alemana
durante el siglo XIX: a) la naturaleza del pensamiento histórico, diferenciando los
fenómenos de la naturaleza de los de la historia, estos últimos incluyen los actos
humanos que son únicos e irrepetibles y se caracterizan por su intencionalidad y
voluntariedad; b) el carácter del poder político, del Estado y de la sociedad, la
historia debe centrarse en los conflictos entre los grandes poderes y por ello debe
favorecerse un método que privilegie los documentos diplomáticos; c) el interés, y
también la preocupación por el futuro de la cultura europea, la historia es
concebida como un drama donde las luchas y los conflictos entre hombres,
naciones o grupos sociales llegan a ser considerados auténticos elementos de la
realidad histórica, al final, después de que pase “todo lo que tiene que pasar”,
Humboldt tiene la certidumbre de que terminarán por imponerse y lograrán triunfar
la belleza, la verdad y la justicia, representadas en la cultura europea (Corcuera
1997:117, 121).
Las conclusiones de Humboldt fueron retomadas por Ranke y le sirvieron
como punto de partida de su actividad como historiador. Ranke es considerado el
fundador del historicismo propiamente dicho, y sería el divulgador de los nuevos
métodos científicos de la historia.
Según Josefina Vázquez (1973: 164-165) el historicismo considera como
objeto de la historia la vida humana en su totalidad y multiplicidad, los conceptos
abstractos de la filosofía no son adecuados para comprender las realidades
concretas de la historia. La tarea del historiador no es la búsqueda de leyes y
principios, sino comprender hasta donde sea posible, la infinita variedad de formas
históricas inmersas en los acontecimientos. Otro rasgo característico del
historicismo es que combate los planteamientos iusnaturalistas que suponían la
existencia de principios legales comunes para todo el mundo, y defiende la
peculiaridad individual e histórica de las leyes de cada pueblo (Fontana 2001:
167).
Estas son las características de la escuela historiográfica que Ranke
contribuyó a difundir. En su primer libro Historias de los pueblos románicos y
germánicos de 1494 a 1514 en 1824, presenta en su apéndice una “Crítica a los
historiadores modernos”, dirigida contra la filosofía histórica de la Ilustración, pues
Ranke se empeñó en separar la historiografía de la especulación filosófica y
convertirla en una “ciencia” (Fontana 2001: 168; Vázquez 1973: 164).
Entre las obras más importantes de Ranke destacan: Historia de los papas,
Historia alemana del tiempo de la Reforma, Nuevos libros de la historia de Prusia,
Historia de Francia, Historia de Inglaterra y la Historia Universal. En ellos
encontramos los que Sonia Corcuera (1997: 126-130) llama el método de Rake:
En primer lugar es necesario reunir las fuentes, es decir, los documentos,
las obras o los materiales diversos que informan al historiador, Ranke distingue
entre las fuentes manuscritas no publicadas y el material publicado. El primero de
estos hacían saltar de gozo a Ranke, en el prólogo de la Historia de los papas,
declara la importancia de las fuentes escritas no publicadas para su trabajo:
[Esta] empresa... si bien puede resultar fallida, ni siquiera podría
haberse intentado de no haber tenido ocasión de utilizar una fuentes
desconocidas hasta el momento... ¡qué alegría, ante la inseguridad
que ofrece la mayoría de las obras impresas de historia moderna,
tropezar con tanto testimonio inédito (Ranke 1997: 7).
El siguiente paso es seleccionar las fuentes, pues la investigación debe
descansar en el empleo de fuentes estrictamente contemporáneas a los
acontecimientos narrados. Una vez seleccionadas las fuentes se procede al
análisis del contenido y su interpretación, para encontrar la manera más
provechosa de leer ese material, para después comunicar lo que sabe o cree
saber. Finalmente se realiza el paso más importante, la explicación, aquí hay que
considerar que Ranke estaba convencido de que los hechos se manifiestan por sí
solos, pero a final de cuentas lo que verdaderamente sucedió era aquello que
tenía significado histórico de acuerdo con las fuentes y los testigos.
Al lado de su metodología, se encuentran ciertas características que
distinguen el trabajo de Ranke como historiador (Fontana 2001: 169), las cuales
enunciaremos y analizaremos a continuación:
Su visión de la historia tiene un fundamento teológico, donde Dios hacia de
primer motor que articula las piezas de una sociedad disuelta en individuos y de
un universo fragmentado en pueblo, asumiendo la función que el progreso ejercía
para los ilustrados.
La actividad de los hombres se canaliza a través de las naciones que son el
componente fundamental de la sociedad: cada una de ellas es distinta y peculiar,
de manara que las generalizaciones no sirven: cada país tiene su propia política.
Sus libros hablan siempre de los estados y de las relaciones que se
establecen entre ellos por medio de la diplomacia y la guerra.
La explicación histórica se integra a partir de hechos que orientan la historia
hacia una meta o fin optimista que debe alcanzarse en tres etapas que tratan
sucesivamente de los pueblos, las naciones y de Europa. La explicación rankeana
de la historia se apoya en la noción de reconciliación, pues al final todos los
conflictos que se habían presentado como tragedia terminan por resolverse de una
manera feliz (Corcuera 1997: 133, 135).
No obstante, a pesar de tener una visión optimista de la historia, también
tenía una visión conservadora, ya que veía con buenos ojos los cambios que se
habían dado en el pasado y que habían desembocado en la formación de los
Estados-nación, pero no aceptaba que esa dinámica continuara en el futuro, más
bien anhelaba que el mundo se mantuviera como él lo conocía. Su rechazo a los
cambios en el futuro es uno de sus puntos más débiles, pues supondría que
entiende a la historia como un proceso que habría llegado a su fin (Corcuera 1997:
136).
Para Ranke, el impulso que pone en marcha el proceso histórico, es la
rivalidad de las naciones que se enfrentan por la posesión de territorios o por la
supremacía política. Esta rivalidad hace posible la formación de las grandes
potencias, llamadas también los grandes poderes en la historia (Corcuera 1997:
137).
Naturalmente, el historicismo e incluso el propio Ranke no escaparon a la
crítica. Josefina Vázquez (1973: 128-129) se queja de que bajo los postulados
generales de Ranke se empezaron a cobijar los cazadores de documentos
inéditos y los nuevos analistas que apelando a una historia “sin interpretación”,
empezaron a invadir las bibliotecas con pequeñas y superespecializadas
monografías sin sentido alguno. En cuanto al historicismo lo critica por pretender
haber alcanzado la objetivización de la historia y haber asegurado la imparcialidad
del historiador, porque sus verdades estaban comprobadas, sin duda para nadie.
Sobre este punto considero conveniente mencionar la aclaración que hace
Josep Fontana (2001: 168) sobre las críticas al método de Ranke. Según este
autor, la confusión se deriva de una frase del prólogo de Historias de los pueblos
románicos y germánicos de 1494 a 1514, donde el joven Ranke, haciendo un
ejercicio de modestia, decía que aunque la historia tiene “la misión de juzgar el
pasado y de instruir el presente en beneficio del porvenir”, su libro no aspiraba a
tanto, sino que se contentaba con “mostrar las cosas tal y como pasaron”. Esta
frase –“Er will bloss zeigen wie es eigentlich gewesen”- (según Fontana) fue
sacada de su contexto injustificadamente e interpretada como una declaración
metodológica, siendo desde entonces repetida por los ejércitos de historiadores
académicos que creyeron que legitimaba su incapacidad, moral o intelectual, de
pensar por cuenta propia. Dejando a un lado que el propio Ranke declaró que la
misión de la historia “no consiste tanto en reunir y recabar hechos como en
entenderlos y explicarlos”, su obra desmiente el mito del “wie es eigentlich
gewesen”.
Sin embargo, las críticas al método rankeano son válidas en mayor medida
para sus sucesores, ya que estos se abocaron a sus grandes recetas para
conseguir “datos verdaderos”. La historia debía ser escrita sólo con documentos
de primera mano, es decir, “los más puros y más inmediatos documentos”. No
obstante, estos discípulos carecían de una característica que fue lo que hizo
grande a Ranke como historiador: estaba naturalmente dotado de gran agudeza
psicológica, con la cual pudo beneficiar a sus materiales (Vázquez 1973: 133).
Corcuera centra su crítica en la concepción de la historia y la tarea del
historiador, afirma que para Ranke la misión del historiador consiste en
desentrañar las grandes tendencias de los siglos. De esta manera la historia,
aparentemente caótica en un primer momento, pronto adquiere significación y se
vuelve tangible. Sin embargo, (para Corcuera) esta concepción explicativa adolece
ce ciertas limitaciones: a) El historiador no puede definir las fuerzas que operan en
la historia, se limita a contemplarlas y a desarrollar una simpatía por su existencia
y un interés por sus personajes, b) No puede aspirar a la total certidumbre sobre
su significado último, pues sólo la sensibilidad religiosa es capaz de alcanzar esa
reflexión (Corcuera 1997: 138).
Además de las críticas metodológicas, Ranke ha recibido críticas
ideológicas, como la de Fontana en el sentido de que no entiende las naciones
más que en el seno de los estados, era contrario a las ideas contemporáneas de
nación, ya se basaran en criterios étnicos y culturales, o en la voluntad de los
ciudadanos. Ranke pensaba que el acontecimiento más importante de su tiempo
había sido la “renovación y el nuevo desarrollo de las nacionalidades”, que se
apoyaban en la conciencia de identidad nacional, lo que exigía que se educara a
las ciudadanos con una clase de historia que no había de hablar de progreso, de
modos de subsistencia o de lucha de clases, sino sólo de pueblos, en el sentido
de colectividades humanas interclasistas fundamentadas en el sentimiento de la
nacionalidad compartida (Fontana 2001: 170). Naturalmente que esta crítica es
hecha desde una perspectiva contemporánea.
A pesar de las críticas, una de las mayores aportaciones de Ranke a la
historiografía moderna es su aún utilizado método de crítica de fuentes, algo por lo
que es más conocido que por el manejo comprometido del pasado, que lo llevó a
entender la historia como la memoria viva de la humanidad, otra contribución muy
importante para los historiadores contemporáneos.
Bibliografía:
CORCUERA DE MANCERA, Sonia. “La historia como crítica y como ciencia” en Voces
y silencios en la historia, siglos XIX y XX, Fondo de Cultura Económica, México,
1997, pp. 113-123.
FONTANA, Josep. “Historicismo y nacionalismo” en La historia de los hombres,
Crítica, Barcelona, 2001, pp. 165-180.
RANKE, Leopold von. Historia de los papas, Fondo de Cultura Económica, México,
1997.
________ Pueblos y estados en la historia moderna, Fondo de Cultura
Económica, México, 1986.
VÁZQUEZ DE KNAUTH, Josefina. “La historia científica y la escuela alemana” en
Historia de la historiografía, SEP/SETENTAS, México, 1973, pp. 127-136.
_________ “El historicismo” en Historia de la historiografía, SEP/SETENTAS,
México, 1973, pp. 127-136.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.